La amapola que nació cuando el mundo se detuvo

Acrílicos sobre tabla

52 x 49 cm.

Año 2020

350.00

Gastos de envío incluidos

Disponibilidad: Hay existencias

Pago seguro garantizado

Había una amapola en mi balcón.

Y eso, en otra época, habría sido solo una flor.

Pero no en 2020.

Llevábamos semanas encerrados en casa. No porque apeteciera quedarse en pijama más horas de las recomendadas por la dignidad humana, sino porque el mundo entero se había detenido.

Yo vivía solo.

Y, de repente, la vida se volvió una pantalla.

Las comidas familiares eran por videollamada.
Los abrazos eran emojis.
Las conversaciones importantes llegaban con mala conexión.
Y el único momento realmente “humano” del día era salir al balcón a las 8 de la tarde para aplaudir con los vecinos.

Cada uno en su pequeña isla.
Cada uno con su miedo.
Cada uno intentando sostenerse como podía.

Y entonces pasó.

Entre barrotes, suelo de terraza y silencio, nació una amapola.

No la planté.
No la esperaba.
No había pedido permiso.

Simplemente apareció.

Roja. Frágil. Testaruda. Viva.

Como si el mundo, en medio de todo aquello, hubiera dejado una nota escrita en pétalos:

“Tranquilo. La vida sigue encontrando su sitio.”

Y tuve que pintarla.

No fue una decisión de artista solemne mirando al horizonte. Fue más bien una necesidad. Como cuando algo te toca por dentro y sabes que, si no lo sacas, se queda haciendo ruido.

Así nació este cuadro.

Una amapola sola en un balcón cerrado.
Pero no encerrada.

Porque, mirándola bien, no hablaba del confinamiento.

Hablaba de salida.
De esperanza.
De resistencia silenciosa.
De esa belleza pequeña que aparece justo cuando más falta hace.

Este cuadro es para quien quiera llevarse a casa algo más que una imagen bonita.

Es para quien necesite recordar, cada vez que lo mire, que incluso en los días más difíciles puede aparecer una grieta de luz. Que la vida no siempre avisa, pero vuelve. Y a veces vuelve en forma de flor roja en medio de unas baldosas.

Una obra así no solo decora: acompaña, calma y crea un rincón con memoria, emoción y esperanza. Justo esa clase de arte que conecta con lo vivido y mejora el ánimo del espacio que habita.

Si esta pieza sigue disponible en la web, quizá no esté esperando una pared perfecta.

Quizá esté esperando a alguien que entienda lo que significa.

Y si ya no está… que sirva como aviso suave: algunas flores aparecen una sola vez.

¿Tú también recuerdas algo pequeño que te sostuvo en aquellos días?

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