Un homenaje a la luz del sur, la almadraba y la historia viva de la costa gaditana.
En el concurso de pintura rápida de Barbate me encontré con una sorpresa de esas que te cambian los planes: no se trataba de plantar el caballete delante del puerto y pintar lo que veías. El reto era pintar un cuadro inspirado en un libro.
Con mi cerebro inicial en modo Windows 95, decidí apoyarme en la inteligencia artificial para buscar la conexión literaria perfecta. Así descubrí «María de la Luz», una novela que estuvo casi 100 años inédita, ambientada en el propio Barbate. Sus páginas están llenas de la almadraba, la pesca del atún, las costumbres y personajes que bien podrían ser los antepasados de los vecinos de hoy. El libro tenía más Barbate dentro que una conversación en la lonja un lunes por la mañana.
Con los conceptos claros (luz, playa, barcos, pescadores), mi cabeza hizo clic en el maestro de la luz: Sorolla. Usé herramientas digitales para abocetar posibles escenarios, buscando esa luz que parece que te da en la cara.
Pero a la hora de la verdad, frente al lienzo en blanco y en pleno concurso, me dejé llevar. Abandoné las referencias exactas y me inventé la composición. Me lancé a la piscina sin saber si había agua, pero la había. Y sobre todo, había luz.
Así nació esta obra: una mezcla de la historia de Barbate, imaginación, un toque de tecnología actual y mi intento más honesto de atrapar la magia del sur en el lienzo.




